La exigencia de Irán de cobrar tarifas de paso por el Estrecho de Ormuz tras la guerra ha sido aceptada como inevitable por importantes gobiernos europeos, según personas familiarizadas con el asunto.
Varios gobiernos europeos han aceptado en privado que los buques que transiten el Estrecho de Ormuz deben pagar peajes a Irán y Omán, un cambio fundamental en el comercio energético mundial tras la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. Algunos funcionarios árabes del Golfo comparten la misma opinión en privado, aunque ello no refleja necesariamente las posiciones formales de sus gobiernos, señalaron las fuentes.
"Las conversaciones en Doha avanzaron de manera positiva, y esperamos que la próxima ronda se programe lo antes posible después del funeral", declaró el miércoles a la prensa Tahir Andrabi, portavoz del Ministerio de Exteriores de Pakistán. Pakistán ha actuado como mediador entre Estados Unidos e Irán.
El comando militar iraní Khatam al-Anbiya advirtió el jueves que los petroleros que se desvíen de las rutas designadas en el estrecho enfrentarán una "respuesta inmediata y contundente", según un comunicado difundido por la televisión estatal iraní. La advertencia se produjo tras una reunión del Comando Central de EE. UU. en Bahréin, donde los funcionarios "reafirmaron su compromiso compartido con el libre flujo del comercio a través del Estrecho de Ormuz". La vía fluvial maneja aproximadamente el 21% del consumo mundial de petróleo, o unos 17 millones de barriles diarios, lo que la convierte en el punto de estrangulamiento energético más importante del mundo.
El cambio en el pensamiento europeo representa un giro radical respecto a la posición mantenida antes de la guerra, cuando cualquier sugerencia de tarifas de paso era descartada como inviable. Según un acuerdo provisional alcanzado a principios de este año, Irán aceptó permitir el paso de buques sin cobros durante 60 días, pero Teherán ha insistido desde entonces en controlar las rutas de los buques e imponer tarifas no reveladas, un modelo que un diplomático comparó con "Ticketmaster para el suministro mundial de petróleo". La última vez que un punto de estrangulamiento marítimo de gran importancia enfrentó demandas sostenidas de peajes fue durante la guerra entre Irán e Irak en la década de 1980, cuando las primas de seguro de los petroleros se multiplicaron por más de diez y las rutas alternativas a través del Mar Arábigo añadieron semanas a los tiempos de navegación.
La normalización de los peajes introduce una carga de costos estructural sobre el suministro energético mundial que podría persistir durante años. De implementarse plenamente, los peajes elevarían los costos de transporte por barril del crudo procedente de Arabia Saudita, Irak, Kuwait y los EAU hacia las refinerías asiáticas y europeas, avivando las presiones inflacionarias en las economías importadoras de petróleo. Los futuros del crudo Brent ya han incorporado una prima de riesgo, aunque la magnitud exacta del peaje sigue sin revelarse. El precedente también amenaza los principios de libertad de navegación que han regido el comercio marítimo a través del estrecho durante décadas, lo que podría animar a otros Estados ribereños a imponer cargos similares en vías fluviales clave, desde el Estrecho de Malaca hasta el Canal de Suez.
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