El déficit presupuestario de Rusia ya ha superado su objetivo anual completo en más de un 50% en apenas cuatro meses, lo que indica una crisis económica acelerada impulsada por un gasto bélico insostenible.
El déficit presupuestario de Rusia alcanzó los 5,87 billones de rublos (81.000 millones de dólares) en los primeros cuatro meses de 2026, superando el objetivo gubernamental anual completo de 3,79 billones de rublos, mientras el gasto bélico tensa las finanzas estatales. El presidente Vladímir Putin reconoció en abril que «la trayectoria de los indicadores macroeconómicos se encuentra actualmente por debajo de las expectativas», mientras que el diputado de la Duma Estatal Valery Gartung advirtió en mayo: «¿Qué vamos a hacer al respecto? ¿Imprimir dinero? Como en el 92, cuando los precios subían un 30% cada semana».
«La estructura se asemeja cada vez más a un ciclo financiero que se retroalimenta, en el que el Estado depende del sistema bancario interno, respaldado por la liquidez del banco central, para sostener déficits presupuestarios crecientes a un costo fiscal cada vez mayor», afirmó Iwona Wiśniewska, investigadora principal del Centro de Estudios Orientales con sede en Varsovia.
Excluida de los mercados internacionales de capitales, Rusia depende de bonos nacionales para financiar su déficit, con varias subastas que fracasaron en 2024 y una en 2026 debido a la débil demanda. El Banco de Rusia ha mantenido su tasa de referencia en el 14,5% para contener la inflación, mientras que el sector bancario —presionado para otorgar crédito por debajo del mercado a empresas militares— se ha convertido en el principal comprador de deuda pública con rendimientos elevados.
La tensión fiscal está obligando a Putin a tomar decisiones difíciles. El mandatario ha protegido el gasto bélico de los recortes mientras aumenta el impuesto al valor agregado y confisca la riqueza de los oligarcas. Con la infraestructura municipal y los servicios sociales bajo presión, y una cuarta parte del mercado de bonos corporativos en una categoría de riesgo elevado, según analistas rusos, el Kremlin enfrenta un creciente dilema entre sostener su maquinaria de guerra y evitar una crisis financiera interna.
El sector bancario muestra signos de tensión
Los bancos rusos ya estaban dando la alarma sobre el deterioro de sus carteras de préstamos antes de que una contracción económica este año se sumara a una ola de impagos corporativos. La combinación de elevados costos de endeudamiento al 14,5% y la desaceleración de la actividad económica ha debilitado la demanda de crédito y aumentado los riesgos en los préstamos hipotecarios y al consumo. Algunos analistas rusos advierten que una cuarta parte del mercado de bonos corporativos del país se encuentra en una categoría de riesgo elevado, lo que plantea la posibilidad de quiebras bancarias si las condiciones financieras continúan deteriorándose.
Los ingresos petroleros ofrecen un alivio temporal
La guerra en Irán le ha proporcionado a Putin un respiro temporal gracias al aumento de los precios internacionales de la energía, mientras que la decisión de Estados Unidos de eximir temporalmente de sanciones al petróleo ruso transportado por mar redujo el descuento entre el crudo Brent de referencia y el de los Urales. China ha desempeñado un papel especialmente importante al comprar petróleo ruso, aunque Rusia se ha vuelto más dependiente de China para bienes de consumo e industriales, mientras sus propias industrias automotriz, siderúrgica, carbonífera y de construcción enfrentan desafíos crecientes.
La última vez que Rusia enfrentó una tensión fiscal comparable fue durante el colapso del precio del petróleo en 2014-2015, cuando el rublo perdió la mitad de su valor y la economía se contrajo un 2,5%. La situación actual es más grave: el déficit presupuestario como porcentaje del PIB es muy superior al de ese período y el acceso a los mercados internacionales de capital sigue bloqueado.
Altos funcionarios rusos han advertido a Putin que el gasto bélico se está volviendo insostenible, según Bloomberg. Si Washington y sus aliados intensifican la aplicación de sanciones contra la flota en la sombra de Rusia, las redes de lavado de dinero y las ventas ilícitas de armas —incluyendo sanciones secundarias a bancos en China, Hong Kong y los Emiratos Árabes Unidos— el Kremlin podría enfrentarse a una elección entre el colapso económico y una paz negociada.
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