Una demanda de 134.000 millones de dólares entre dos de las figuras fundadoras de la IA se ha convertido en un juicio por el alma misma de la industria: el idealismo sin fines de lucro frente a la dominación con fines de lucro.
Una demanda de 134.000 millones de dólares entre dos de las figuras fundadoras de la IA se ha convertido en un juicio por el alma misma de la industria: el idealismo sin fines de lucro frente a la dominación con fines de lucro.

El juicio en curso iniciado por la asombrosa demanda de 134.000 millones de dólares de Elon Musk contra OpenAI ha corrido el telón de algo más que una disputa personal; es un conflicto sobre la transformación de la empresa de un laboratorio de investigación sin fines de lucro a un gigante comercial. Musk alega que el CEO Sam Altman y el presidente Greg Brockman traicionaron la misión fundacional que él financió con 38 millones de dólares iniciales, pivotando hacia una estructura con fines de lucro que, según él, enriqueció injustamente a sus líderes.
"Dijo que necesitaba 80.000 millones de dólares para crear una ciudad en Marte", testificó el presidente de OpenAI, Greg Brockman, describiendo una tensa reunión de 2017 en la que Musk supuestamente exigió el control total de la empresa para financiar sus ambiciones interplanetarias. "Al final, necesitaba el control total".
El juicio ha desenterrado un tesoro de cifras y motivaciones contradictorias. La inversión inicial de 38 millones de dólares de Musk contrasta fuertemente con la participación de casi 30.000 millones de dólares que Brockman testificó que posee ahora. La demanda busca recuperar las ganancias de este cambio, y el abogado de Musk afirma que Altman y Brockman "robaron una organización benéfica".
Lo que está en juego es el futuro de la empresa de IA líder en el mundo. Una victoria para Musk podría obligar a OpenAI a volver a una estructura sin fines de lucro, anulando su lucrativa asociación con Microsoft y eliminando potencialmente a Altman y Brockman de sus cargos. Tal resultado crearía un vacío de poder, beneficiando a competidores como Google, Anthropic y xAI del propio Musk.
El núcleo del desafío legal de Musk reside en la reestructuración de OpenAI en 2019 en una entidad de "beneficio limitado", un movimiento que, según él, fue una traición a un acuerdo fundacional de permanecer sin fines de lucro. "Si vas por el camino de las organizaciones sin fines de lucro, tienes una especie de superioridad moral", testificó Musk, afirmando que fue un "tonto" al financiar una empresa que cree que fue comercializada de forma engañosa. Sin embargo, la defensa de OpenAI sostiene que Musk era consciente de la necesidad de pivotar. El testimonio de Shivon Zilis, ex miembro de la junta de OpenAI y madre de varios hijos de Musk, reveló que ya en 2017 se discutieron varias estructuras con fines de lucro, incluida una posible adquisición por parte de Tesla, para resolver las inmensas necesidades de financiación de la empresa. La compañía proyecta que necesitará gastar 50.000 millones de dólares en computación solo en 2026, una cifra que subraya las presiones financieras que la empujaron hacia un modelo comercial.
Más allá de la estructura corporativa, el juicio ha expuesto una profunda animosidad personal y luchas de poder. Brockman testificó que "pensó que me iba a golpear" durante un acalorado intercambio con Musk. Más recientemente, mensajes de texto de noviembre de 2023 revelaron la desesperación del CEO Sam Altman tras su destitución temporal por parte de la junta, enviando un mensaje a la CEO interina Mira Murati: "Direccionalmente muy mal" mientras buscaba un camino de regreso al poder. La propia Murati testificó más tarde que Altman sembró intencionadamente el "caos" entre los líderes, diciendo una cosa a una persona y lo contrario a otra. Este crudo drama humano dibuja la imagen de una empresa cuyo rápido ascenso fue igualado por la agitación interna, con egos enfrentados luchando por el control de una tecnología con potencial para alterar el mundo.
Quizás la anécdota más reveladora del juicio fue el relato de Brockman sobre la supuesta demanda de Musk de un fondo de guerra de 80.000 millones de dólares para la colonización de Marte. Según Brockman, el deseo de Musk de una participación mayoritaria en una OpenAI con fines de lucro estaba explícitamente vinculado a su objetivo de construir una ciudad autosuficiente en otro planeta. Este testimonio reformula el conflicto de una simple disputa comercial a un choque de ambiciones colosales, casi fantásticas. Sugiere que los agravios de Musk no son solo por rendimientos financieros o principios sin fines de lucro, sino por perder el control de una entidad poderosa que imaginó como un vehículo de financiación potencial para su misión de vida definitiva.
La percepción del mercado sobre el juicio ha cambiado, según datos del mercado de predicción Kalshi. Los operadores inicialmente le dieron a Musk un 60% de probabilidades de ganar, pero esas probabilidades cayeron hasta el 40% tras su testimonio. Esto sugiere que los procedimientos pueden estar perjudicando más la posición de Musk que la de OpenAI. El resultado sigue siendo incierto, pero las revelaciones han proporcionado una visión sin precedentes, y a menudo poco halagadora, de las dinámicas financieras y personales que impulsan la revolución de la IA. Para los inversores, el juicio introduce un factor de riesgo significativo para OpenAI y su socio clave, Microsoft, al tiempo que podría despejar el campo para los competidores si el fabricante de ChatGPT se ve obligado a reestructurar fundamentalmente sus operaciones.
Este artículo es solo para fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.