La prohibición de décadas de Japón sobre la exportación de armas letales está dando paso a una nueva estrategia de ventas para uno de los buques de guerra más avanzados del mundo, mientras la fragata clase Mogami — construida por Mitsubishi Heavy Industries a un costo de aproximadamente $710 millones por unidad — consigue a Australia como su primer comprador internacional.
"La Mogami ofrece una ventaja masiva a los países que sufren escasez de marineros", afirmó Yasuhiro Kawakami, contralmirante retirado de la Fuerza Marítima de Autodefensa que lideró el desarrollo de la fragata y ahora es investigador senior en la Fundación Sasakawa para la Paz. "Sin duda, es la mejor en su clase", agregó John Bradford, excomandante de destructores de la Armada de EE. UU. que se desempeña como director ejecutivo de YCAPS, una organización sin fines de lucro centrada en la seguridad asiática.
Australia firmó en abril un acuerdo de $6.5 mil millones por tres fragatas Mogami mejoradas, con Mitsubishi Heavy Industries acordando transferir tecnología y conocimientos para la producción nacional de ocho buques adicionales. El primero está programado para entrega en 2029. La versión mejorada cuenta con un sistema de lanzamiento vertical de 32 celdas, un alcance de 6,900 millas náuticas y una tripulación de 90 personas — aproximadamente un 25% a 35% más pequeña que fragatas comparables de Francia, el Reino Unido o Corea del Sur, que requieren entre 105 y 120 efectivos.
El impulso exportador marca un giro estratégico para Japón, que adoptó políticas de defensa pacifistas tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial y durante mucho tiempo restringió las ventas de armas letales. La primera ministra Sanae Takaishi está liderando la reestructuración mientras China expande rápidamente su armada y presiona reclamaciones marítimas contra Japón, Filipinas y Vietnam. El cambio también refleja la ansiedad en toda Asia sobre la solidez del compromiso de seguridad de Estados Unidos bajo el presidente Trump, quien ha presionado a los aliados para que gasten más en sus propios ejércitos.
Mitsubishi Heavy Industries, que construyó el avión de combate Zero y algunos de los mayores buques de guerra de la Armada Imperial Japonesa durante la Segunda Guerra Mundial, habrá producido 10 fragatas clase Mogami para finales de este mes desde que inició su producción en 2019. Ese ritmo contrasta con el problemático programa de fragatas FF(X) de la Armada de EE. UU., donde el primer buque se proyecta ahora en aproximadamente $1.4 mil millones en medio de cambios de diseño y cancelaciones. La clase Inspiration del Reino Unido, construida por Babcock International, tiene un costo de aproximadamente $330 millones por buque.
El diseño compacto y angular de la Mogami ayuda a evadir el radar enemigo, mientras que un sistema de turbina de gas y motor diésel gemelo permite operaciones prolongadas lejos de la costa. El buque está equipado con misiles antibuque, antiaéreos y de ataque a tierra, torpedos para caza de submarinos, y compartimentos para desplegar drones submarinos de reconocimiento y limpieza de minas. Su centro de comando de combate proporciona a la tripulación una visión de 360 grados del espacio de batalla circundante a través de monitores avanzados y sistemas de sonar.
Algunos analistas advierten que la pequeña tripulación de la Mogami podría convertirse en una desventaja bajo ataque, con menos marineros disponibles para combatir incendios o reemplazar personal herido — una razón por la que la Armada de EE. UU. prefiere tripulaciones más grandes. Hirohito Ogi, exfuncionario del Ministerio de Defensa de Japón ahora en el Instituto de Geoeconomía en Tokio, también advirtió que la industria de defensa japonesa debería invertir más en tecnología de drones que está remodelando la guerra moderna, en lugar de expandir la construcción de buques de combate de superficie.
Nueva Zelanda e Indonesia han manifestado que están considerando la Mogami mientras modernizan sus armadas. Japón también ha ofrecido a Indonesia y Filipinas buques más antiguos para reforzar sus defensas. El componente de transferencia tecnológica del acuerdo con Australia podría servir como modelo para otros países que buscan desarrollar capacidad de construcción naval doméstica, según analistas de defensa.
La última vez que Japón intentó un importante impulso exportador de defensa, en 2014 tras su primera flexibilización de las reglas de exportación de armas, no logró asegurar un solo acuerdo de submarinos con Australia, perdiendo ante el Grupo Naval de Francia. Esta vez, la combinación de un buque probado y en servicio activo junto con la disposición a compartir tecnología de producción parece haber cambiado el cálculo. Para Mitsubishi Heavy Industries, el contrato australiano abre un posible conducto hacia un mercado global de fragatas valorado en más de $30 mil millones durante la próxima década, según estimaciones de la industria.
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