La confianza del consumidor en la eurozona mejoró por segundo mes consecutivo en junio, pero se quedó por debajo de las expectativas, prolongando una frágil recuperación desde un mínimo de tres años.
La confianza del consumidor en la eurozona mejoró por segundo mes consecutivo en junio, pero se quedó por debajo de las expectativas, prolongando una frágil recuperación desde un mínimo de tres años.

La confianza del consumidor en la eurozona mejoró por segundo mes consecutivo en junio, pero se quedó por debajo de las expectativas, prolongando una frágil recuperación desde un mínimo de tres años.
La confianza del consumidor en la eurozona subió 1,3 puntos hasta -17,7 en junio, informó el lunes la Comisión Europea, extendiendo una recuperación tentativa desde un mínimo de tres años, aunque la cifra no alcanzó las previsiones de los economistas.
La encuesta mensual de la Comisión mostró que la moral del consumidor en el bloque de 20 naciones mejoró desde el -19,0 de mayo, cuando la lectura ya se había recuperado del mínimo de tres años de -20,6 registrado en abril. Los economistas encuestados por Reuters esperaban un avance hasta -17,5. En el conjunto de la Unión Europea, la confianza del consumidor subió 1,2 puntos hasta -17,0.
La mejora fue generalizada, pero el índice sigue muy por debajo de su media a largo plazo, de aproximadamente -10, lo que refleja vientos en contra persistentes derivados de los elevados costes de endeudamiento y una inflación que, aunque se está moderando, sigue por encima del objetivo del 2 % del BCE. El indicador de sentimiento económico de la Comisión Europea, una medida más amplia que incluye la industria y los servicios, se publicará a finales de esta semana y se espera que muestre un patrón similar de mejora gradual.
Los datos dan al Banco Central Europeo cierto margen de maniobra mientras evalúa si la economía puede soportar tipos de interés más altos durante más tiempo sin caer en recesión. El gasto de los consumidores representa aproximadamente la mitad del PIB de la eurozona, lo que convierte la trayectoria de la confianza de los hogares en una variable crítica para el crecimiento del segundo semestre. El euro apenas varió frente al dólar tras la publicación, cotizando cerca de 1,08 dólares, mientras que los bonos soberanos de la eurozona se mantuvieron estables, ya que los datos no alteraron las expectativas sobre los tipos de interés.
La economía de la eurozona ha tenido dificultades para ganar impulso este año, con el sector manufacturero en contracción y la actividad de servicios mostrando signos de enfriamiento. El PMI compuesto de junio, que se publicará a finales de esta semana, apunta a que el sector servicios se expandirá a un ritmo más lento, mientras que la producción fabril sigue contrayéndose. El indicador de confianza del consumidor, aunque mejora, sigue en territorio profundamente negativo, un nivel históricamente asociado con un gasto moderado y tasas de ahorro elevadas.
La última vez que el índice se situó en niveles similares, a mediados de 2023, la eurozona evitó por poco una recesión gracias a que los consumidores recurrieron a los ahorros acumulados durante la pandemia para sostener el gasto. Con esas reservas en gran medida agotadas, la actual recuperación de la confianza podría necesitar traducirse más rápidamente en consumo real para sostener el crecimiento. La tasa de ahorro de los hogares en la eurozona se situó en el 15,3 % en el primer trimestre, muy por encima de la media prepandémica de aproximadamente el 12,5 %, lo que sugiere que los consumidores siguen siendo cautelosos a pesar de la mejora de la confianza.
Para el BCE, los datos brindan un apoyo marginal a un enfoque cauteloso en la relajación de la política monetaria. El banco central mantuvo su tasa de depósito en el 3,75 % en su reunión de junio, después de haberla recortado desde el récord del 4 %. Los mercados descuentan aproximadamente dos recortes adicionales de un cuarto de punto para finales de año, aunque el momento sigue siendo incierto. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha subrayado que el banco central dependerá de los datos, siendo el crecimiento salarial y la inflación de los servicios clave para determinar el ritmo de cualquier nueva relajación.
La próxima reunión del BCE, el 24 de julio, ofrecerá la señal más clara sobre si los responsables de la política monetaria consideran que se ha avanzado lo suficiente en la lucha contra la inflación como para comenzar a flexibilizar de nuevo. Hasta entonces, publicaciones como la de la confianza del consumidor serán examinadas en busca de señales de que la recuperación económica está cobrando impulso... o estancándose.
Este artículo es únicamente con fines informativos y no constituye asesoramiento de inversión.